Vivimos entrecruzados por innumerable ciclos, externos e internos, sin ser conscientes de cómo nos afectan.
Observarlos y sincronizar nuestro cuerpo con el tiempo de la tierra y del Cosmos, parece ser una formas sabia para procurar la salud.
El hombre moderno vive un estado de casi permanente urgencia, siempre buscando capitalizar el tiempo, para quizás algún día poder desacelerar y empezar a disfrutar del mismo.
Hemos interiorizado al tiempo como equivalente al dinero –lo mismo que decimos del dinero lo decimos del tiempo: lo invertimos, lo ahorramos, lo gastamos o nos hace falta, etc. Esto condiciona la “riqueza”, la profundidad y las posibilidades de nuestras experiencias.
El hombre moderno vive un estado de casi permanente urgencia, siempre buscando capitalizar el tiempo, para quizás algún día poder desacelerar y empezar a disfrutar del mismo.
Hemos interiorizado al tiempo como equivalente al dinero –lo mismo que decimos del dinero lo decimos del tiempo: lo invertimos, lo ahorramos, lo gastamos o nos hace falta, etc. Esto condiciona la “riqueza”, la profundidad y las posibilidades de nuestras experiencias.


