miércoles, 14 de diciembre de 2011

La teoría del universo holográfico.

En los años noventa, el físico Gerard´t Hooft que posteriormente sería premio Nobel, sorprendió a propios y extraños con una peculiar teoría según la cual el universo es un holograma. 
 
Dicha idea fue rápidamente adoptada por algunos científicos de la Teoría de cuerdas, como Leonard Susskind, quienes trabajaron en ella para darle forma. Partiendo de los descubrimientos de Stephen Hawking sobre el funcionamiento de los agujeros negros, la idea es que el horizonte cósmico es en realidad la superficie externa de un inmenso agujero negro dentro del cual habitamos.

Nuestro universo de tres dimensiones espaciales estaría codificado en la superficie de dos dimensiones que es el horizonte de sucesos, desde donde se proyecta nuestra realidad tridimensional a la manera de un holograma.

Así, una de las dimensiones sería una ilusión, al igual que la gravedad, la cual sólo se manifiesta en 3D.

Se puede decir que un agujero negro es una región con gran concentración de masa que genera un campo gravitatorio tal que el espacio-tiempo se curva sobre sí mismo originando una superficie cerrada que envuelve dicha región. Esta superficie es lo que se conoce como horizonte de sucesos. 

A partir de los estudios de Hawking en los años setenta, se sabe que los agujeros negros no sólo absorben todo lo que entra en su campo de acción, sino que también emiten radiación. 

Así, el agujero se va evaporando a medida que pierde masa, hasta desaparecer. El problema radica en que, según demostró Hawking, no es posible detectar ninguna información en ese proceso de desaparición. 

Es decir, es imposible reconstruir lo que ocurre dentro del horizonte de sucesos, de modo que su deducción fue que la información contenida en un agujero negro se pierde con él.  Pero esto es contrario a las leyes de la física cuántica, donde la información se puede transformar, pero nunca desaparecer.




Los estudios relacionados con la teoría holográfica sugieren que lo que ocurre en realidad es que, cuando un objeto es tragado por un agujero negro y desaparece, su información queda atrapada en la superficie bidimensional del horizonte de sucesos, justo en el límite donde es posible la observación desde el exterior. De esta forma, la realidad del objeto es un código impreso en dos dimensiones donde la interacción de toda la información almacenada conforma el universo 3D del mismo modo en que un holograma proyecta su contenido cuando la luz incide sobre él. Desde hace unos años, los científicos han comenzado a pensar en la información como el constituyente básico de la naturaleza.

Según el físico Paul Davies, hemos vivido hasta ahora en el “mito de la materia”, donde se asume que las relaciones matemáticas que recrean las leyes naturales son el nivel descriptivo más básico de la realidad. Por debajo de esto estaría la información como entidad subyacente a la materia y la energía, las cuales no serían otra cosa que el resultado de aquella.

Algo que también comparte el físico cuántico Vladko Vedral: 
 Cuando analizamos las unidades fundamentales de la realidad, las que lo componen todo a nuestro alrededor, creo que ya no debemos pensar en estas unidades como fragmentos de energía o materia, sino que deberíamos pensar en ellas como unidades de información. Me parece que la mecánica cuántica, nuevamente, supone la clave para entender este fenómeno, porque la mecánica cuántica tiene otra propiedad (que supongo que a personas como Einstein no les gustaba) que es la siguiente: en la mecánica cuántica no se puede decir que algo exista o no a no ser que se haya realizado una medición, así que es impreciso decir: «tenemos un átomo situado aquí» a no ser que hayamos interactuado con ese átomo y recibido información que corrobore su existencia ahí. Por ende, es incorrecto lógica y físicamente, o mejor dicho experimentalmente, hablar de fragmentos de energía o materia que existan con independencia de nuestra capacidad de confirmarlo experimentalmente. De algún modo, nuestra interacción con el mundo es fundamental para que surja el propio mundo, y no se puede hablar de él independientemente de eso. Por esta razón, mi hipótesis es que, en realidad, las unidades de información son lo que crea la realidad, no las unidades de materia ni energía. (Fuente: Redes para la ciencia)


Y si el papel del observador es fundamental en física cuántica para conformar la realidad, la conciencia debería empezar a ser considerada mucho más en serio por quienes temen perder el norte en la oficialidad materialista que nos gobierna. 

La teoría del universo como holograma abre multitud de interrogantes en las que podríamos empezar a ajustar ciertas piezas del puzzle, como las que nos proporcionan aquellos investigadores que han compaginado su formación científica con su cultura de base oriental, caso del físico nuclear Amits Goswami, de quien hemos hablado en más de una ocasión al aludir a su teoría de la conciencia como origen de todo lo que existe.

A finales de 2o1o, el astrofísico Craig Hogan se propuso ir más allá de la concepción teórica y emprendió un proyecto dentro del Fermilab para buscar las pruebas físicas de un universo holográfico. Para ello, los científicos ingeniaron un interferómetro holográficoque detectaría las interferencias en el espacio-tiempo que se infieren de la teoría, pues en un holograma dicho espacio no sería un contínuo sino un granulado.
 
Si realmente fuésemos la proyección de una información contenida en el horizonte de sucesos de un agujero negro, ¿de qué conciencia exterior podríamos comenzar a filosofar con cierta base científica? ¿No sería lo mismo decir “horizonte de sucesos” que “registros akásicos”, o quizás “conciencia global”?

  Los más antiguos escritos esotéricos tienen una premisa fundamental: 

Todo es mente. Puede que debiéramos empezar por prestarle más atención a los textos herméticos y tomarnos menos en serio el elevado grado de desarrollo intelectual de los últimos siglos. Quizás, y sólo quizás, nos podríamos saltar algunos cursos intermedios…

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