lunes, 26 de noviembre de 2012

Castaneda y Schopenhauer: Una realidad subyacente más allá de la ilusión

Carlos Castaneda hace eco del “mundo de la representación” y del “mundo de la voluntad” en la filosofía de Arthur Schopenhauer.

Una de las razones que hizo de Carlos Castaneda un autor que no sólo vendió millones de libros, sino que cautivó radicalmente la mente de sus lectores, es la permanente intuición –que se convierte en investigación— de que existe otra realidad. 

El segundo título de su saga como aprendiz de brujo bajo el ala de Don Juan Matus nos revela este hilo conductor: “Una Realidad Aparte”. Para la mente inquisitiva, que se permite dudar de lo que ve y ansía penetrar lo invisible, la postulación de una realidad alternativa, más profunda, se desdobla como una fascinante historia detectivesca: la esencia misteriosa del mundo es lo que seduce al “hombre de conocimiento”.

La vida y obra de Carlos Castaneda constituyen uno de los grandes enigmas de la literatura moderna.

Su obra es para algunos un documentos invaluable de antropología que tiene la valentía de investigar el ocultismo de la tradición tolteca del México antiguo –corriendo el riesgo de perder la objetividad al involucrarse en un mundo mágico que no admite una lógica racional y donde toda comprensión literaria puede ser trastocada por la sed del poder. Para otros se trata solamente de una obra de ficción revestida de una serie conocimientos esotéricos sincréticos –el talento de Castaneda sería tejer la ilusión convincente de internarse en una otredad radical que pone en entredicho la realidad del mundo que conocemos. Sin ahondar en la autenticidad de los eventos que relata Castaneda, su obra puede tratarse también desde una perspectiva de filosofía metafísica –la reformulación de uno de los temas fundamentales de la pensamiento humano.

La rueda de la vida y los reinos del saṃsāra
La existencia de otra realidad presupone que el mundo cotidiano tiene un carácter ilusorio. Esta idea ciertamente no es nueva, se encuentra en el budismo bajo el concepto de samsara, fue expresada por Platón como el mundo de las ideas y en el gnosticismo bajo el término stereoma, cada una con ciertas diferencias.

El concepto reaparece con notoriedad en la obra de Arthur Schopenhauer, quien en su obra principal, El mundo como voluntad y representación, erige una sólida estructura racional para comprender la naturaleza ilusoria de la realidad que experimentamos cotidianamente. Schopenhauer traza un sistema aparentemente dualista: el mundo de la voluntad siendo la cosa en sí, “la esencia íntima de las cosas” y el mundo de la representación, la objetificación de la voluntad en seres individuales, el mundo material que no tiene más valor que un sueño. 

Esta dualidad es solo aparente ya que existe dentro de una percepción del mundo propia de la representación: el mundo de la voluntad trasciende el tiempo, el espacio y las causas, y como tal no puede ser aprehendido por nuestros conceptos.

El Nagual, vínculo con lo sagrado
A lo largo de su obra, y de manera más extensa en el libro Relatos de Poder, Carlos Castaneda expuso un sistema similar al de Schopenhauer, donde la voluntad equivale al “nagual” y la representación al “tonal”

“El tonal es todo lo que conocemos. Y eso no sólo nos incluye a nosotros como personas, sino todo en nuestro mundo. Se podría decir el tonal es todo lo que percibimos con los ojos… "El tonal es una isla". Somos islas, conectadas en la profundidad por el nagual: “la parte de nosotros para la que no hay descripción –no hay palabras, nombres, sensaciones o conocimientos”

Y también en Relatos de Poder: “el tonal inicia con la vida y termina con la muerte.. no puede crear o cambiar nada y sin embargo compone al mundo ya que su función es juzgar, observar y determinar”. El nagual “puede ser atestiguado pero no puede ser descrito. El nagual está ahí, rodeando la isla del tonal. Ahí, donde revolotea el poder” (una definición que nos acerca a lo que dijera Wittgenstein sobre una región mística más allá del lenguaje).

De igual forma, como ocurre en Schopenhauer, para quien el mundo de la representación en meramente un hecho mental, el mundo del tonal funge en relación a la percepción: se construye en el acto de observarse.
La realidad de nuestro mundo palidece ante la Voluntad, la cosa en sí o “Ding an sich”: “Para el hombre en quien la Voluntad se ha volcado y negado a sí misma, este mundo, tan real para nosotros con sus soles y galaxias, es-nada”, dice Schopenhauer.
Para Castaneda es la intención la que lleva al mundo inefable del nagual. Un mundo que de todas maneras es el que opera sobre nuestra realidad: “El tonal no sabe que las decisiones pertenecen a la dimensión del nagual. Cuando pensamos que decidimos, todo lo que hacemos es reconocer que algo más allá de nuestro entendimiento ha establecido el marco de nuestra supuesta decisión, y todo lo que hacemos es ceder”.

Ambos, Castaneda y Schopenhauer, plantean en última instancia la existencia de una realidad que subyace al mundo de los fenómenos –una realidad de la cual no podemos decir mucho, pero que no por eso deja de llamarnos.

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